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martes, 21 de diciembre de 2010


La campaña hobbesiana

Fuente: Revista IDL n|220
Autor: Gustavo Gorriti
A propósito del merecidísimo Nobel y el devenir intelectual y artístico de nuestro gran escritor, el autor repasa el escenario político de cara al 2011

Hace veinte años —oh, trepidante cronología—, la revista The New Republic me encargó escribir un artículo sobre la evolución del pensamiento político de Mario Vargas Llosa.

El artículo, escrito a fines de enero y publicado el 12 de febrero de 1990, se tituló The Fox and the Hedgehog, es decir, “El zorro y el erizo”. Fue, como amplió la revista, un examen de “la larga marcha” o la evolución política de Vargas Llosa.

Lo he releído después de muchos años y algunos detalles olvidados emergen relevantes para el presente. El gran escritor se encontraba en plena campaña presidencial, pero mi propósito no era describirla sino explicar las convicciones políticas del entonces abrumadoramente favorito candidato.

Vargas Llosa, el novelista, es también, escribí, “un pensador riguroso, cuyos ensayos literarios, filosóficos y políticos son coherentemente razonados”. A la vez, indiqué que su talento para la claridad expresiva no reflejaba los complejos y tormentosos procesos de cambio que lo habían llevado a ser un intelectual revolucionario en la década de los 60, un socialdemócrata en los 70 y un liberal en los 80.

Esas etapas ilustraban también —en la célebre descripción de Isaiah Berlin— el tránsito entre la predominancia del zorro y la del erizo en el pensamiento de Vargas Llosa. Y examinaba el papel que jugaron en el cambio los ataques personales, las campañas de corrosivos vituperios —lo que él mismo llamó “los mecanismos de satanización”— que se lanzaron sobre el escritor en verdaderas oleadas, especialmente a fines de los 60 (cuando rompió con la Revolución cubana) y desde comienzos hasta mediados de los 80. Uno tiende a olvidarlo, pero esos ataques llegaron a niveles de vileza sorprendente aun para los estándares de la discusión política de entonces, de descalificación personal antes que de debate de posiciones.

En ese artículo no figuraba siquiera el nombre de Alberto Fujimori. Es que hasta entonces Fujimori no existía en la campaña. Por ende, daba como muy probable ganador de las elecciones y próximo Presidente del Perú, con todos los inmensos problemas por enfrentar, a Vargas Llosa.

El destino teje sus hilos con puntos extraños e inesperados. La derrota electoral de Vargas Llosa fue nefasta para la democracia peruana pero resultó salvadora para el propio escritor. Ver a un alto porcentaje de sus seguidores y colaboradores trocar la vincha del Fredemo por el kimono de geisha con total fluidez y carencia de culpa, fue sin duda instructivo. Y luego, volver a ser objeto de vituperio, esta vez por parte de ex colaboradores o aliados, cuando salió a defender, con gran brío y elocuencia, la necesidad de luchar contra el entonces reciente golpista y dictador Fujimori, fue sin duda revelador para él.

Como intelectual público, Vargas Llosa ingresó, en mi concepto, en su mejor etapa. El rigor analítico y la claridad expositiva ganaron una nueva flexibilidad, una capacidad de comprender las inconsecuencias y la corrupción espiritual de todos los ángulos —desde la izquierda, desde la derecha—, a la vez que una reafirmación de los principios que en su caso resistieron todas las variaciones de circunstancias, los embates de la historia.

Su capacidad creadora, en mi opinión, resultó fortalecida. Luego de algunos años de obras menores, su producción no se hizo solo variada e intensa sino recobró su mejor nivel. Fue el resultado de una madurez largamente trabajada que mantuvo, y quizá acrecentó, la intensidad, el fuego creativo.

En esos años de consolidación de logros y de reconocida lucidez, las escuadras del vituperio se fueron disgregando hasta la desaparición, en el caso de la ex izquierda, o el silencio, en el de la derecha geisha.

Vargas Llosa cambió, es cierto, pero muchos de sus oponentes de antaño cambiaron más, por convencimiento o por conveniencia. Su defensa de la democracia, de los derechos humanos fue invariable, a través de todas sus etapas, desde fines de los 60. Recuerdo su polémica de hace más de veinte años con Günter Grass y pienso que ahora la Academia sueca ha pasado a suscribir implícitamente —con esas extrañas menciones a la cartografía en su decisión del Nobel— la posición de Vargas Llosa a diferencia de lo que fue en el pasado. El tiempo confirmó pensamientos y, sobre todo, coherencias.

Y no se diga de Alan García. El presidente de hace veinte años ha pasado por metamorfosis somáticas e intelectuales tanto de eje como de volumen. Los enemigos jurados de antaño tienen hoy una relación de respeto (por lo menos formal) y de diálogo.

Las estrategias cuidadosamente ploteadas, sufrirán cambios o desactivaciones por efecto del factor Nobel

La influencia del juicio de Vargas Llosa en las decisiones del presidente García, es considerable. Como se recuerda, Vargas Llosa llevó a García a cambiar de posición, de un momento al otro, tanto en el caso del Lugar de la Memoria como en el de la derogatoria del DL 1097.

En ambas circunstancias, por el efecto de su prestigio y lucidez, Vargas Llosa derrotó, con una sola acción, maniobras largamente trabajadas por la derecha fascistoide y encomendera (me he prestado esta última expresión del ex ministro Luis Carranza), que había ganado posiciones de gran influencia en el entorno y la toma de decisiones de Alan García.

La gravitación pública de Vargas Llosa se acrecentará sin duda luego de la entrega del Premio Nobel y de lo que será después su llegada en triunfo al Perú. Tanto en las decisiones que García tome o deje de tomar como, sobre todo, en la opinión pública.

Doblemente interesante, porque esa etapa sincronizará con la campaña presidencial, que será hobbesiana: corta y brutal.


Ahora, sin embargo, los planes, las estrategias cuidadosamente ploteadas y, en más de un caso, complotadas, sufrirán cambios o desactivaciones por efecto del factor Nobel.

¿Qué grupo político sufre y sufrirá más por el Premio Nobel que recibe Vargas Llosa? Los invito a examinar las sonrisas congratulatorias y ver cuáles son las más acalambradas, cuáles no pueden silenciar el rechinar de dientes ni enmascarar el rictus de cólera.

El gran perdedor es el fujimorismo y la coalición ya mencionada de fascistas y encomenderos —a la que hay que sumar los cleptócratas de antaño— que ya forman tras el estandarte geisha.

Contaban con García, contaban con los medios, con buena parte del empresariado económicamente más poderoso. Tenían (y tienen) también a buena parte de los medios con los mismos dueños que apoyaron el golpe de 1992, con los periodistas domesticados por el fujimorato en reencauchado protagonismo, y con algunos actores y actrices que ayer fueron fujimoristas sin poder en los medios y que ahora lo tienen mientras disimulan mal su fujimorismo.

La campaña presidencial iba y va a darse bajo dos parámetros centrales: brevedad y contracampaña.
La reciente contienda electoral de municipios y regiones fue a la vez un prólogo, un ensayo y un experimento de lo que se viene. Sus enseñanzas confirmaron, me parece, las estrategias previamente planeadas por los principales actores.

La brevedad de la campaña hace que quienes pueden usar mejor la intensidad y el manejo del tiempo tengan mejores posibilidades. Eso beneficia, en particular, a quienes tengan más recursos y mejor masa de maniobra mediática.

Hasta unos pocos días atrás, quienes tenían, de lejos, la mayor fuerza en ambos sentidos eran los de la coalición fujimorista-montesinista. Tenían clarísima influencia con el propio García, el apoyo apenas solapado de los empresarios más poderosos y una potencial juggernaut mediática, con aliados de peso que antes no existían. Por ejemplo, Baruj Ivcher en Frecuencia Latina y Martha Meier (como cabeza visible de ese sector) en el grupo El Comercio.

La propuesta, en esa corta campaña, iba a ser, me imagino que todavía será, presentar a Keiko Fujimori como la versión kinder and gentler de su padre, pero a la vez como la única garantía de mantener las reglas de juego de una exitosa economía con el orden social necesario para permitirlo.

Los oponentes a esa campaña iban a ser diezmados a través de fulminantes contracampañas.

Es que cualquier estratega de campañas electorales medianamente competente sabe que desde 1990 todas las elecciones importantes han sido decididas por contracampañas. Sin excepción.

La contracampaña será en esta elección tanto o más importante que en los procesos anteriores. La decisión en el voto va a ser antes por negación de las alternativas que por afiliación por figuras o programas.

El análisis de perspectivas, entonces, debe evaluar la capacidad y la vulnerabilidad de cada candidato frente a la inevitable contracampaña.

Luis Castañeda Lossio entra a la campaña con una posición favorable en las encuestas, pero con los antecedentes de tener mandíbula de cristal frente a los ataques, como sucedió el año dos mil. Quizá me equivoque, pero no le veo capacidad de resistir una contracampaña de acusaciones medianamente intensas.

Y las que se vienen serán mucho más que eso.

Ollanta Humala es el rival favorito para la segunda vuelta de los otros candidatos, con la excepción, me parece, de Toledo. Keiko Fujimori necesita enfrentar a Humala y supongo que Castañeda preferiría también ese escenario. Toledo, en cambio, preferirá enfrentarse a Fujimori.

Toledo eludió los efectos más tóxicos de las contracampañas del dos mil manteniéndose detrás de Andrade y Castañeda hasta el naufragio de ambas candidaturas. Luego sorprendió al SIN con la fuerza de su atropellada a último momento. Y después mantuvo el efecto sorpresa tomando decisiones inesperadas.
Ésa es una de las razones, imagino, por las que Toledo tarda en anunciar su candidatura y se prepara para otra campaña muy corta, que probablemente empezaría a mediados de enero.

Pero, a diferencia del dos mil, el estilo operativo de Toledo es ahora conocido. Sus posibilidades de sorprender son, por ende, limitadas. Él tiene que seguir una ruta determinada de campaña, y estoy seguro de que los fujimoristas y las geishas de ayer y de hoy tienen precalculado el momento, tema y secuencia de los ataques. Las lecciones de qué funciona y qué no funciona han sido extraídas de la experiencia de esta última elección.

Creo que los ataques más fuertes y virulentos serán contra Toledo. Y serán personales. No contra su Gobierno ni, salvo excepciones, contra sus colaboradores, sino contra él.

¿Qué posibilidades tendrá Toledo de resistir? Depende de dos factores. El primero es interno: la calidad de su estado mayor y de los operadores de campaña. La del 2001 (antes que la del dos mil) demostró que si un grupo competente de colaboradores se encarga de responder a los ataques y de contraatacar con eficacia, la campaña puede ser neutralizada.

Si, en cambio, él mismo responde, o si lo hace alguna de la gente que lo rodeó luego en el Gobierno, su precariedad será mayor que la de un ciclista en la vía expresa. Recuérdese que Toledo, y esos colaboradores, se las arreglaron para convertir un nivel alto de popularidad inicial en una abrumadora desaprobación durante la mayoría de sus años en el Gobierno.

El segundo factor es externo: la influencia del Nobel de Literatura en la inminente campaña. Estoy seguro de que Vargas Llosa se pronunciará inequívocamente sobre el peligro de que el Perú recaiga en una dictadura. Y su voz tendrá, en esta ocasión, un efecto multitudinario.

Esta vez no se atreverán a atacar a Vargas Llosa, pero imagino que tratarán de ignorar sus mensajes y opiniones respecto del proceso electoral. ¿Lo lograrán? No lo sé. Creo que habrá una confrontación de medios con un balance de fuerzas aparentemente muy favorable al fujimorismo.

Esa apariencia puede ser engañosa. En el dos mil parecía abrumadora y, sin embargo, fue exitosamente contrarrestada.

Si, pese a sus defectos y fragilidades, Toledo emerge como el candidato de las fuerzas democráticas para una votación decisiva entre democracia y dictadura; y si está bien asesorado —algo indispensable en su caso—, sus posibilidades de ganar son altas.

Pero todavía no está del todo claro que Toledo sea el único candidato de las fuerzas democráticas. Eso se definirá en el inicio de la campaña y la contracampaña, y se definirá con rapidez.

Entonces, en medio de lo que, repito, será una campaña corta y brutal, la voz del peruano que hoy representa mejor que nadie la percepción de éxito, de triunfo y de progreso en el país, se escuchará en defensa ardorosa de los dos factores fundamentales para nuestra nación: la democracia, la libertad.

martes, 14 de diciembre de 2010


CRÍTICA: La capitulación moral de Mario Vargas Llosa

1 de abril de 2009

Blog El Tractor Rojo
Escrito por Pedro Tierra


Cuando en el año de 1,963 se publicó "La Ciudad y los Perros", Mario Vargas Llosa se convirtió en un personaje público que con el paso del tiempo y gracias a su notable prestigio intelectual devino en un líder de opinión, no sólo en el país pobre, atrasado y tercermundista donde nació sino también en buena parte del mundo occidental.

No sólo se trataba de la aparición de un extraordinario novelista de apenas 26 años sinó de un intelectual que, además de una una lúcida inteligencia y capacidad de persuación, hacía gala de una vasta cultura donde no faltaba el marxismo y el influjo de los pensadores más avanzados, radicales y contestatarios de la época como Jean Paul Sartre.

Entonces - estamos hablando de los años 60 - influenciado y condicionado por la agudización de las luchas de clases en Asia, Africa y América Latina, por la joven Revolución Cubana que constituía todo un estímulo para los pueblos del mundo y sin duda por la decisiva influencia de Sartre, pasó a ser a la vez que una especie de vocero comunista, parte de la conciencia moral del país.

Desde Europa con sus artículos, denuncias, entrevistas y declaraciones, con sus campañas buscando adhesiones a las causas populares agitaba las conciencias y gravitaba en la vida social y política peruana y latinoamericana.

Entonces Vargas Llosa defendía abiertamente la Revolución Cubana y la legitimidad de las rebeliones e insurrecciones populares que se producían an América Latina y el Perú, abogaba por las luchas de los pueblos contra el imperialismo norteamericano, denunciaba el anacronismo y oprobio que significaban las dictaduras que asolaban América Latina, entrevistaba para Radio - Televisión Francesa a Javier Heraud en 1,962, apoyaba las guerrillas del Ejercito de Liberación Nacional (ELN) de 1,963 y las del MIR en 1,965 , denunciaba las masacres contra ellas y contra los campesinos que se sublevaban por revindicar su tierra de los gamonales. También se pronunciaba contra la pena de muerte que apristas y odristas pretendían aplicar a Hugo Blanco, Héctor Béjar y a sus compañeros levantados en armas. Encomiaba la vida , pasión y muerte de Ernesto Guevara en 1,967.

"....Pero dentro de diez, veinte o cincuenta años habrá llegado, a todos nuestros paises como ahora a Cuba la hora de la justicia social y América Latina entera se habrá emancipado del imperio que la saquea, de las castas que la explotan, de las fuerzas que hoy la ofenden y reprimen. Yo quiero que esa hora llegue cuanto antes y que América Latina ingrese de una vez por todas en la dignidad y en la vida moderna, que el socialismo nos libere de nuestro anacronismo y nuestro horror...."
Entretanto escribía y publicaba sus mejores libros como La Casa Verde, Los Cachorros y su obra cumbre Conversación en La Catedral (1,969).

En síntesis en el medio intelectual en que estaba inmerso, donde concurrían los más brillantes escritores y artistas de América del Sur, Mario Vargas Llosa se comportaba segun el modelo del del intelectual revolucionario.

Pasan los años - ahora estamos en 1,971 - y sobreviene su desencanto con la Revolución Cubana. Según confiensa, a raiz del denominado "caso Padilla" ( Heriberto Padilla fue un poeta al que lo obligaron a "autocriticarse" por unos escritos que funcionarios del estado cubano consideraron "reaccionarios") sumado a la represión contra los opositores a Fidel Castro y el sometimiento de Cuba a mero satélite de Moscú. Paulatinamente extendió su desilusión al "socialismo realmente existente" que primaba en la Unión Soviética y en Europa Oriental.

Algunos años después - ahora estamos finalizando la década del 70- Mario Vargas Llosa se había metamorfoseado en un inocuo simpatizante del Belaundismo, que hacía de jurado del concurso "Miss Perú" ó de comentarista de fútbol por televisión ó de cineasta de películas de entretenimiento ó de escritor obras literarias de menor categoría exceptuando La Guerra del Fin del Mundo.

Es por aquellos años que adhiere ideológicamente al más recalcitrante pensamiento neoconservador. Pasó así a constituirse en el más brillante de los intelectuales de la época que hacía apología y propaganda de las teóricas y supuestas bondades del capitalismo ( "el mercado") y la libertad ( la democracia burguesa").

Se convirtió en un propagandista de las ideas liberales de von Hayek, von Mises, Friedman y su aplicación práctica por parte de la bruja Margaret Tachter y el cuasi analfabeto Ronald Reagan. Lo demás es conocido. En síntesis un defensor a ultranza del establecimiento, del capitalismo, del sistema de dominación y del Poder..

Lo cierto también es que Vargas Llosa daba la impresión que sus volteretazos ideológicos y políticos eran por pura honestidad moral e intelectual. Que no eran fruto del oportunismo y cálculo político. Que eran siempre por razones principistas.

Si bien sus naturales enemigos políticos desde la izquierda lo atacaban con una ferocidad despiadada, proporcional a la suya defendiendo al capital y al imperialismo, el consenso que ganó en amplio sectores de la población para consolidarse como una especie de referente moral fue bastante grande, independientemente de las estupideces que de modo brillante propalaba en defensa del Poder Mundial.

Este posicionamiento lo logró en gran medida porque aún estando en esa posición reaccionaria de extrema derecha, fue sumamente justo, claro y explícito en ocasiones en que ocurrieron dramáticas situaciones ó gravísimos hechos que sublevaban la conciencia humana.

Así con ocasión de la masacre de los penales de junio de 1986 llevada a cabo en cumplimiento de una orden dada por Alan García Pérez, escribió un célebre editorial "UNA MONTAÑA DE CADAVERES" donde de manera inequívoca señalaba ante la opinión internacional y nacional la barbarie cometida y a García Pérez como un criminal.

Con este escrito Vargas Llosa parecía que había trazado para siempre una zanja, un abismo moral entre él y el criminal García Pérez.

Durante la oprobiosa dictadura del delincuente japonés y actual presidiario Alberto Fujimori Fujimori ó Kenya Inomoto Fujimori (a) "presidente" ó "el ingeniero" ó "chino rata", - ahora estamos en la década del 90 - Vargas Llosa tuvo una descollante actuación denunciando en el ámbito internacional a la troika de delincuentes que asaltó el poder, conformada por el pintoresco japonesito, el narcotraficante Vladimiro Montesinos y un militar indigno autoapodado "el general victorioso." Además Vargas Losa abrió las puertas de todas sus amistades y relaciones internacionales desde el primer ministro británico hasta los reyes de España a los opositores al régimen de "chino rata" para aislarlo internacionalmente, efecto que aceleró su caida y posterior fuga.

En aquellas ocasiones parecía que Vargas Llosa actuaba por un mandato de conciencia y que era insobornable a cualquier aproximación a gente que tenía el alma manchada de sangre y/o dinero mal habido ( requisitos ambos cumplidos muy ampliamente por Alan García Pérez.)

- Ahora llegamos al 2,008 y 2,009 -

El autor de "La Ciudad y los Perros" da un nuevo volteretazo.

Esta vez no se trata de algo ideológico o perteneciente a la esfera política. Se trata de un cambio silencioso pero no menos trascendental . Se trata más que un volteretazo, de su debacle moral.

El 06 de abril del 2,008 publica en EL PAIS de España (que se difunde en todos los países) su artículo:

"Borges y los piqueteros"

Este artículo tiene como propósito describir las causas del declive y la paulatina degradación social, económica y política que ha experimentado la Argentina a partir de cierto momento del siglo XX hasta nuestros días.

Significativamente en todo su escrito, Vargas Llosa no menciona el siniestro papel jugado por la DICTADURA MILITAR de los Videla, Galtieri y Massera, quienes en menor escala numérica cometieron peores barbaridades que los nazis de Adofo Hitler en defensa de lo mismo que defiende Vargas Llosa: el capitalismo, el dominio de la gran burguesía vía las corporaciones multinacionales, el poder del FMI y el Banco Mundial, en suma del mantenimiento del oprobioso Poder Mundial.

Esta degradación moral de Vargas Llosa, que hace abstracción de la peor dictadura fascista que haya asolado la América Latina, parece confirmarse de manera definitiva con su cada vez mayor proximidad con el genocida y ratero Alan García Pérez, con el mismo que en 1,986 había trazado una zanja moral y ética que parecía infranqueable.

Ahora Vargas Llosa soslaya la naturaleza criminal del genocida de los penales y prohijador del Comando Rodrigo Franco ( el grupo colina de Alan García) y lo alaba por su conversión al neoliberalismo.

En estos días Vargas Llosa mira hacia el techo y no recuerda la naturaleza y prontuario criminal de quien saqueó como nadie las arcas estatales para hacerse rico vía casos plenamente comprobados como la reventa de aviones Mirage, las suculentas coimas que recibió por la concesión del Tren Eléctrico y por el depósito de las reservas internacionales peruanas en el BCCI, quizás porque hogaño García Pérez es un perrito faldero y consagrado sirviente de banqueros y oligarcas.

Ahora Vargas Llosa se olvida de sus feroces críticas al "mercantilismo" (ese enriquecerse de los empresarios gracias a su proximidad al poder político) y se acerca al amigazo y gestor de negocios de "Pepe" Graña.

Ahora Vargas Llosa abandona la defensa de "los principios y valores democráticos" para pasar por agua tibia al actual socio y aliado de los excrementicios fujimoristas, al que declara que "como presidente puedo evitar que salga elegido quien yo no quiera", al que ha ordenado copar el Poder Judicial con el propósito de encubrir las raterías y latrocinios de su podrido régimen.

Ahora Vargas Llosa no abre la boca en defensa de los comuneros piuranos de Huancabamba masacrados y torturados por una empresa de seguridad privada donde fue directivo su amigo "libertario" Vega Llona, todo en en aras de las utilidades de una corporación minera.

En suma la capitulación moral del pobre Mario....se suma a Pablo Macera.

domingo, 14 de noviembre de 2010


¿Otro país?

Por Mario Vargas Llosa

Originalmente publicado en El País de España

Extraído de La Nación de Argentina

Sábado 7 de julio de 2007 


El departamento de Ica, al sur de Lima, ha experimentado en los últimos veinte años una notable transformación, que ha convertido a buena parte de sus resecos desiertos y candentes arenales en granjas, fundos y chacras modernísimos, dedicados a la agroexportación. Este fin de semana estuve recorriendo algunos de ellos y tuve la sensación de un Perú distinto, bien encaminado, dispuesto al fin a sacudirse las taras del subdesarrollo. Como la falta de agua es el drama tradicional de la costa peruana, el riego en casi todas estas plantaciones se hace por goteo y los pozos han sido construidos, por lo menos muchos de ellos, con asesoría de técnicos israelíes.

Cultivan cítricos, uvas, espárragos, tangelos, alcachofas, paltas y páprika, de la que Perú, debido a la catástrofe que ha significado para Zimbabwe la política del dictador Mugabe, ha pasado a ser ahora el primer productor mundial. Llama la atención la alta tecnología que regula el funcionamiento de estas tierras, en las que, desde la entrada, es preciso desinfectar los zapatos y las llantas de los vehículos, jabonarse las manos, y donde por doquier hay basureros clasificados ecológicamente: papeles, plástico, vidrio.

En las instalaciones donde se empaquetan, catalogan, congelan y embarcan los productos en los contenedores que van al puerto del Callao todo es tan pulcro y ordenado que uno se creería en un laboratorio suizo. "Tanta limpieza y escrúpulo es para que no nos saquen del mercado nuestros compradores europeos y norteamericanos", me explica uno de los ingenieros. En efecto, los fundos reciben periódicas visitas de inspectores ingleses, canadienses, estadounidenses, chinos, etcétera, que vienen a verificar si los productores locales respetan los requisitos estipulados para el cultivo por los supermercados y cadenas comerciales que los adquieren, y, asimismo, que no haya trabajo infantil y que los salarios y las condiciones laborales -horas de trabajo, seguros, baños, movilidad, alimentación- se ajusten a los patrones internacionales.

En medio de toda esta modernidad, un detalle pintoresco y tradicional: en uno de los fundos que visité, como los compradores ingleses no aceptan que se utilicen pesticidas contra los pájaros que vienen a picotear las parras, se recurre a la cetrería para realizar esta tarea. Maestros cetreros sueltan halcones adiestrados que sobrevuelan los campos, espantando a las aves. En otros lugares se las ahuyenta con cañoncitos que sólo disparan explosiones de ruido.

Gracias a la agroexportación, Ica es, probablemente, el único departamento de Perú que goza de pleno empleo. Y, en épocas de recolección y cosecha, los agricultores deben a veces contratar la mano de obra en lugares tan apartados como Ayacucho o Apurímac, en los Andes.

¿El notable desarrollo de Ica refleja lo que está ocurriendo en el resto de Perú? No exactamente. Pero la verdad es que el país vive un período de gran dinamismo industrial y comercial. Los altos precios de los metales, la buena política económica y la relativa estabilidad de las instituciones han permitido un desarrollo de la actividad minera y atrae inversiones por doquier. Capitales chilenos, colombianos, españoles, chinos, norteamericanos acuden a Perú -quién lo hubiera dicho- como a uno de los países más seguros y atractivos para invertir de la región.

Los datos de la macroeconomía no pueden ser mejores: un crecimiento que este año podría ser de 7,5 por ciento, una inflación controlada, reservas de más de veinte mil millones de dólares, cifra que nunca había tenido antes Perú, y una buena imagen del país ante las entidades financieras internacionales, que Estados Unidos acaba de confirmar, levantando los últimos obstáculos para la firma del Tratado de Libre Comercio, que abrirá a los exportadores peruanos el mercado más próspero del mundo. ¿Significa todo esto que Perú avanza ya, por fin, hacia el ansiado desarrollo y modernización, como lo han hecho Chile, España, Irlanda y tantos países asiáticos en las últimas décadas? No hay que llevar tan lejos el optimismo, porque, si bien las cosas que he señalado son alentadoras, hay otras que muestran las enormes dificultades que quedan por vencer, tantas y tan graves que podrían todavía echar por tierra lo alcanzado.

El subdesarrollo es uno de los obstáculos mayores para salir del subdesarrollo, aunque dicho así suene estúpido. Antes, el problema era la falta de recursos. Ahora hay recursos, pero no hay planes, ni infraestructura ni técnicos ni cuadros suficientes para ponerlos en práctica. El canon minero -porcentaje de los beneficios de las empresas mineras que va directamente a los municipios y gobiernos regionales- ha puesto en manos de estas autoridades sumas a veces elevadísimas -decenas, cientos de millones de dólares- que aquéllas no están en condiciones de aprovechar, por carecer de programas y de equipos capacitados. Lo que causa que esos recursos se despilfarren en gastos suntuarios y la corrupción haga de las suyas.

La corrupción es una gangrena de la que no está libre sociedad alguna, pero la diferencia es que en las democracias avanzadas se detecta con más facilidad y se la puede combatir mejor. En las dictaduras y en el subdesarrollo es mucho más difícil, porque ella es el aire natural que respiran esas sociedades en que la ley no es respetada, ya que con frecuencia no es respetable y porque quienes deberían hacerla respetar son los primeros en transgredirla. Uno de los aspectos más negativos de lo que sucede hoy en Perú son los continuos casos de corrupción que denuncian los medios, varios de los cuales han afectado al Parlamento, lo que ha hecho que éste sea una de las instituciones más desacreditadas del país.

¿A cuántos peruanos beneficia de manera visible e inequívoca la prosperidad de que goza ahora Perú? Yo creo que a no más de un tercio. A los dos tercios restantes les llega apenas, porque las estructuras tradicionales, casi intocadas, impiden que exista esa igualdad de oportunidades sin la cual un país no progresa de verdad aunque sus cifras macroeconómicas sean sobresalientes y goce de elecciones libres y libertad de expresión. La educación pública, una verdadera calamidad, condena a una enorme cantidad de peruanos a competir con insuperable desventaja para labrarse un porvenir con los peruanos de clase media y alta que reciben una buena formación escolar y profesional.

Y la falta de infraestructura margina inevitablemente a quien vive y trabaja en el interior, y sobre todo en el Perú rural, en relación con quien lo hace en las ciudades, sobre todo costeñas y, principalmente, en Lima. El famoso derrame llega sólo a cuentagotas a esos sectores y eso, como es natural, desmoraliza y exaspera a los millones de pobres que oyen hablar de una situación excepcionalmente buena para el país y se sienten excluidos de esa supuesta bonanza. A ello se debe, en buena parte, la agitación social continua -huelgas, bloqueo de carreteras, toma de locales- que, tanto en la capital como en provincias, caracteriza a la actualidad peruana.

Pese a todo ello, confieso que estos dos meses que he pasado en Perú me han dejado mucho más esperanzado que en otros viajes. Este sentimiento no se debe tanto a las buenas estadísticas, sino a la sensación de que algo profundo parece haber cambiado en la cultura del país. Habría que ser ciego para no verlo. En tanto que en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, amplios sectores sociales, por diversas razones, experimentan una regresión, que gana conciencias y corazones para las apolilladas recetas populistas -nacionalismo, estatismo, colectivismo-, mi impresión es que una mayoría de peruanos han enterrado esos lastres y van aceptando, algunos con entusiasmo y otros a regañadientes, que si queremos salir de la barbarie de la pobreza, la ignorancia, la explotación y el atraso, no hay más que una receta en el mundo de hoy: democracia política, economía de mercado, estabilidad jurídica, apertura de fronteras, incentivos para la inversión y el ahorro, respeto de la propiedad e impulso a la empresa privada.

La notable transformación del presidente Alan García, que, en buena hora para Perú, hace ahora exactamente lo contrario de lo que hizo en su primer gobierno, es expresión y consecuencia de esa evolución de una considerable parte de la opinión pública hacia el realismo y gradualismo que caracterizan a la cultura de la libertad. Por primera vez en mucho tiempo, intuyo -con palpitaciones y tocando madera- que, después de tanto tiempo de andar a remolque, Perú podría pasar a ocupar un puesto de vanguardia en el contexto latinoamericano.

lunes, 11 de octubre de 2010


"El Perú soy Yo"


Domingo 10 de octubre de 2010
Extraído de Desde el Techo

Es cierto, Mario Vargas Llosa representa todas las sangres de ésta nación que nos alberga, que a veces nos desune, que nos emociona cada cierto tiempo. Mario, el ahora Nobel, ha sido dotado por Dios de un espíritu malditamente incansable para narrar las cosas que nos suceden a los simples mortales. Más que un literato es un narrador de historias, la mayoría de ellas reales, recopiladas minuciosamente por su pegajosa tinta. A Mario lo conocí hace 23 años , en 1987, cuando se aprestaba a tentar la Presidencia, cuando sus inquietos humores rebalsaban al ver como el joven Alan García destruía la economía del país.

Un día nublado llegó al aeropuerto Jorge Chávez acompañado de su guapa esposa Patricia. Ambos todavía jóvenes, ella más que él. La ingrata y aburrida cobertura periodística en los terminales aéreos tiene eso de bondadoso: que conoces a  gente importante sin proponértelo. Ese día Mario fue abordado por los periodistas destacados allí y absolvió cada una de sus inquietudes, mientras que Patricia nos entretenía tras bambalinas con su perfume y una sonrisa cálida.

Pero Mario no presagiaba ser el incomprendido más notable que nuestra historia haya despreciado. Tuvo una agitada campaña presidencial que lo condujo a enfrentarse con lo más rancio de los retrógrados que aspiraban a revivir un estado socialista o castrador de toda aspiración a la modernidad.

Mario no aprendió a mentir desde chico, nadie se lo enseñó. En toda su campaña se pasó de honesto, de sincero y habló con la verdad, por eso perdió. A lo que se sumó la trama siniestra de García Pérez  quien movió todos los hilos del Estado, incluso fundando un periódico para demoler la figura de Vargas Llosa y permitir el triunfo de esa tromba populista llamada Fujimori. Lo demás es historia.

Mientras que el candidato lapidado por las injurias presidenciales  y de seudos revolucionarios como Javier diez Canseco es hoy el Nobel de Literatura, el ganador de esa contienda está preso pagando sus culpas. Son los avatares de la vida. Para muchos, de haber llegado Vargas Llosa a la presidencia del  Perú,  la humanidad se habría perdido varios de sus Best Sellers. Así que Alan García, sin quererlo, ha contribuido doblemente para que la fundación sueca haya decidido otorgarle el Nobel a Mario. Primero, impidió que el escritor alcance la presidencia, por ende, permitió que prosiga con su rica obra y, segundo, recientemente provocó  su renuncia a la dirección al Museo de la Memoria al intentar pasar de contrabando una ley de amnistía para favorecer a los militares acusados de asesinatos de lesa humanidad.

La fundación de Alfred Nobel  suele otorgar distinciones anuales a aquellos notables ligados a las luchas sociales y no a un liberal como Mario, pero éste último acontecimiento  precipitó el logro más perseguido por el admirador del hipopótamo. Buena por él y por el Perú, no por aquellos innobles que pretenden subirse  al carro triunfal a último momento.

Claro que Mario representa al Perú con todos sus bemoles. Por ese “varguitas” que apabulló  con elocuencia literal en sus primeras obras, hasta el escritor maduro de hoy, han pasado los caudales de triunfos y derrotas de los peruanos. También la sangre, sudor y lágrimas de todas las vertientes que conforman nuestra nación. Cómo discriminarle entonces su derecho a ser uno de los nuestros, si siempre nos ha tenido entre sus genios y demonios.

jueves, 8 de octubre de 2009


MVLL y Alan García / El Amiste

sábado 2 de febrero de 2008
Amigos
César Hildebrandt




Mario Vargas Llosa y Alan García se han amistado.

Es un gesto de heroico civismo si se recuerda que Vargas Llosa ha llamado a Alan García mentiroso sin escrúpulos, fofo patético, comandante de la corrupción y demagogo de jornada completa.

Pero el perdón es, precisamente, una variante del olvido. Y el olvido, como debemos recordar, no siempre es una gracia. Era, por ejemplo, lo primero que bebían las sombras de los muertos al llegar al Leteo, el río del Infierno, la fuente de todos los olvidos.

Ahora bien, si Vargas Llosa ha olvidado todo lo que ha escrito y dicho sobre Alan García, ¿puede haber sucedido lo mismo con Alan García?

Nos parece muy difícil. García es un hombre que guarda el recuerdo de quién lo miró mal en el Eguren (el colegio estatal donde hablaba hasta por los codos), de qué mujer le dijo que no en la Católica (fue más de una) y, por supuesto, de qué periodista puso al descubierto la existencia de su primoroso último hijo (o sea, modestamente, este escribidor). Para esta materia no hay nada mejor que una vieja frase anónima española: “Hay alguien que no olvida: el olvidado”.

Así que recordándolo todo, García se toma la foto con Vargas Llosa, hace que Vargas Llosa hable muy bien de su gobierno y obliga a los lectores de “El pez en el agua”, la autobiografía precoz de Vargas Llosa, a tirar a la basura la mitad de sus páginas.

Y como pregunta un perdedor casi crónico del cruel mundo en que vivimos: ¿Quién gana, quién pierde?

Gana García, claro, y por goleada. Y pierde Vargas Llosa, que demuestra que puede escribir cosas terribles y atrabiliarias de las que se arrepentirá palaciegamente y que va a saludar en son de compañero a un presidente que llegó al poder, por segunda vez, haciendo clamorosamente lo que Vargas Llosa siempre ha denunciado como el peor defecto del liderazgo tercermundista: mintiendo.

Con lo que el afamado escritor también demuestra que para él mentir sí vale la pena si lo que está en juego es el reinado del billetón, la dictadura de “Eshia”, el califato de Credicorp y la inviolabilidad tributaria que Fujimori (un ciudadano japonés) otorgó a ciertas enormes empresas.
Vargas Llosa, entonces, sí está dispuesto a avalar, con su presencia más que cordial, la impostura de quien prometió cambiar algunas cosas de las tantas que impuso el fujimorismo.

Lo que parece ignorar el célebre novelista es que con su visita a García y su rendición política ante el hombre que hasta hace año y medio despreciaba, lo que está haciendo, en realidad, es avalar al hombre que más odia (quizás también provisionalmente) en este mundo: Alberto Fujimori.

Fujimori llegó al poder con el mismo estilo que García usó en el 2006: prometiendo lo que traicionaría, jurando que iba a hacer lo que tendría que olvidar. Fujimori tiene cadáveres en el closet. Pero García también –¿o es que Vargas Llosa los ha olvidado?–. Fujimori impuso el modelo económico y social que, con algunos arreglos cosméticos, sigue plenamente vigente.

¿Por qué no pensar, entonces, en el futurible abrazo histórico entre Vargas Llosa y Fujimori? ¿Se tomarían un champancito?

Difícil saberlo. Lo que está claro es que el espaldarazo de Mario Vargas Llosa al gobierno de Alan García es uno de los mayores logros simbólicos del gobierno aprista y ­una confirmación de que la biografía intelectual del escritor está hecha como los niños arman los legos: comunista de muchacho para contrariar al padre, fidelista en los 60 por generosidad y romanticismo, velasquista comprensivo a comienzos de los 70 (allí están sus declaraciones impresas), ex velasquista a rabiar a raíz de la expropiación de la gran prensa, belaundista en los 80, liberal urbi et orbi en los 90, ultra liberal a fines del milenio, conservador español, en los últimos años, y defensor postrero de la guerra en Irak, en los últimos meses. Una vida fascinante.
Un aterrizaje perfecto.

Antecedentes:

Alan promovió guerra sucia contra MVLL en 1990

20 Años después - Mirko Lauer

martes, 8 de septiembre de 2009


MVLL: Uchuraccay, Libertad y Campaña Presidencial

Calvarios políticos(1982-1990)

 

En 1981 o 1982 (no conozco el año exacto), la esposa de Mario, Patricia Vargas Llosa, es entrevistada por una revista limeña, y aparece bajo el título de "Cómo vivir con un famoso" (puede leerla haciendo clic aquí), lo cual destaca la popularidad e importancia que llegaría a tener Mario en estos años.

En 1983, Mario tiene su primer encuentro directo con la polícia, al aceptar presidir la Comisión de Investigación del caso Uchuraccay, donde fueron asesinados ocho periodistas. La organización terrorista Sendero Luminoso, así como el Ejército, fueron nombrados sospechosos del crimen; sin embargo, la Comisión llegó a la conclusión de que los campesinos del lugar habían sido los autores de la masacre, al confundir las cámaras con armas y a los periodistas con senderistas.

El autor explica: "A mí [el presidente] Belaúnde me había ofrecido cargos. Me ofreció primero la embajada en Gran Bretaña, después la embajada en Washington, y yo no acepté ninguno de esos cargos. Cuando me llamó para esto, me dijo: "Bueno, usted defiende mucho la democracia, usted dice que las instituciones deben ser defendidas. Pues lo llamo ahora para que demuestre en la práctica que una manera de ejercer la democracia es decir la verdad. ¡Diga usted lo que ha pasado! Usted tiene una posición independiente [frente a los demás miembros de la comisión]; el decano del Colegio de Periodistas, Mario Castro, es aprista, del partido de oposición más hostil al gobierno; y el doctor Abraham Figueroa es un jurista muy respetado que no tiene nada que ver con el gobierno.Ustedes van a tener independencia absoluta; vamos a darles todas las facilidades que ustedes quieran. Como el proceso judicial va a demorarse un año, o dos años, digan ustedes al público la verdad en un mes. Si la verdad compromete a militares, pues compromete a militares". Entonces le dije: "Mire, no me hace usted un favor llamándome para eso". Me dijo: "No lo he llamado para hacerle un favor, lo he llamado para que usted le haga un favor a su país". Por eso, era muy difícil no aceptar".

"Yo fui a Ayacucho para dar el testimonio [de la investigación] ante el juez, y el juez, que era un personaje que no se había dignado leer las mil páginas de entrevistas hechas por nosotros, no me hizo a mí una sola pregunta siquiera sobre la forma como habíamos trabajado, y durante 15 horas se dedicó a preguntarme si había recibido dinero del gobierno, cuánto gastaba yo al mes en mi casa, cuántos ingresos había hecho yo en mis cuentas bancarias después de haber sido miembro de la comisión. ¡Y eso durante dos días seguidos, mediante toda clase de vejaciones! ¡Y todo eso celebrado y exaltado como una gran victoria! ¿Usted se da cuenta hasta qué punto servir a su país, en países como los nuestros, es tremendamente riesgoso?".

De vuelta a las letras, en el mismo 1983, Mario publica un ensayo sobre Los miserables de Victor Hugo, titulado "El último clásico". Desde entonces, un proyecto más amplio sobre esta novela figura entre sus proyectos, y en el 2004 publicará por fin el resultado, titulado La tentación de lo imposible. A su vez, estrena su segunda pieza teatral Kathie y el hipopótamo y su primera compilación de artículos, Contra viento y marea.

En 1984, presenta la novela Historia de Mayta, que es criticada por gente de ultraizquierda por inventar una visión casi apocalíptica del Perú invadida por marines estadounidenses. En un prólogo para esta novela escrito en junio del 2000, Mario recordaría el incidente: "Sospecho que, a pesar de su apariencia, esta novela no es sólo la peor entendida ni la más maltratada, sino también la más literaria de todas las que he escrito, aunque sus apasionados críticos vieran en ella -oh manes de la ideología- sólo una diatriba política."


Escrita entre 1983 y 1984, en Lima y en Londres, Mario escribe que "Esta novela nació gracias a un breve suelto que leí en Le Monde, a principios de los sesenta, informando que una mini rebelión de un subteniente, un sindicalista y un puñado de escolares había estallado y sido aplastada casi al mismo tiempo en la sierra peruana. Veinte años después reconstruí esa historia, fantaseándola y documentándola, para mostrar, en un cotejo intenso, las dos caras de la ficción, según opere disfrazada de ciencia de la historia, o luciéndose en la literatura como pura invención. La historia de Mayta es incomprensible separada de su tiempo y lugar, aquellos años en que, en América Latina, se hizo religión la idea, entre impacientes, aventureros e idealistas (yo fui uno de ellos), de que la libertad y la justicia se alcanzarían a tiros de fusil."

En 1987 lidera un movimiento de oposición a la estatización de la banca, propuesta por el entonces Presidente del Perú Alan García Pérez, con un cuantioso mítin en la Plaza San Martín y es a partir de allí que se funda el Movimiento Libertad, que en coalición con dos partidos tradicionales —Acción Popular de Fernando Belaúnde Terry y el Partido Popular Cristiano de José Bedoya Reyes— forma el Frente Democrático (FREDEMO). Los avatares de la larga campaña electoral (1987-1990) las ha contado en El pez en el agua (1993), polémico libro de memorias.

Existen varias explicaciones para que el Frente Democrático de Mario perdiera las elecciones. El desgaste de tres años de actividad política es una de las razones, con la sobreexposición de publicidad y gasto de dinero que influyeron negativamente en la población peruana; también, los ataques ininterrumpidos de calumnias y medias verdades difundidas a través de todos los medios de comunicación que manejaba el gobierno aprista de Alan García, que veía en Mario Vargas Llosa un enemigo íntimo y público desde el mitin contra su intento de estatización.

Además, el carácter independiente que demostraba el Movimiento Libertad, que era una de sus mejores cualidades, fue mellado terriblemente al formarse un Frente con partidos tradicionales, casi se diría que fue su perdición. La sociedad peruana, desencantada con los gobiernos partidocráticos de Acción Popular (1980-1990) y el Partido Aprista (1985-1990), empieza a ver con desconfianza este Frente Democrático.

Entre los eventos anecdóticos durante esta campaña, se cuentan sablazos con la palabra que hasta hoy son recordados: el adjetivo de Mario calificando de "la dictadura perfecta" al gobierno del PRI en México, por ejemplo, e incluso el llamar "cacasenos" a ciertas figuras de la política peruana.

En junio de 1990, el FREDEMO pierde ante el partido Cambio 90 de Alberto Fujimori, un outsider que seis meses antes de la primera vuelta ni siquiera figuraba en las encuestas, y que irónicamente fue propulsado por el Partido Aprista, en su intento de impedir que Mario obtuviera la presidencia. (Irónicamente, Fujimori se desprendió de los apristas y de Alan García al asumir e cargo, y emprendió el camino autoritario que duraría hasta el 2001.)

Pero Mario Vargas Llosa ha ganado mucho más con esta derrota que si hubiera sido elegido, como admitirá después: ha regresado a la literatura, una actividad individual donde los grandes proyectos son posibles. Dedicado a ella a tiempo completo, se muda a Londres y a Madrid y evitando volver a Lima, hasta 1997, cuando, invitado por la Universidad de Lima a recibir el Doctorado Honoris Causa, también presenta su novela Los cuadernos de don Rigoberto.

En 1990, también, publica el tercer volumen de Contra viento y marea, que incluye varios documentos escritos poco antes de iniciarse la campaña, así como el volumen de ensayos La verdad de las mentiras, y se estrena la película Tune in tomorrow, del director norteamericano Jon Amiel, basada en La tía Julia y el escribidor. La película es una pobre adaptación de la novela de Mario, con Keanu Reeves en el papel de Varguitas, llamado aquí Martin, y Peter Falk recibe el papel de Pedro Camacho, "Peter Carmichael" en el film.


© Augusto Wong Campos, 2004. Yahoo! Geocities Inc.